Vino · Bodegas Vega de Yuco · Lanzarote

Una malvasía volcánica, plata en Londres

Dos vinos de Bodegas Vega de Yuco brillaron en los Decanter World Wine Awards 2026, entre más de dieciséis mil candidatos de todo el mundo.

Por Livia Risi y Francesco Esposito · 2026-09-28

Viñedos de La Geria, en Lanzarote: cepas en hoyos de ceniza negra protegidos por muretes de piedra, con un volcán al fondo. Paisaje de la malvasía volcánica, no la bodega premiada.

En Lanzarote la vid crece donde parecería imposible: en hoyos excavados en la ceniza, al abrigo de muretes de piedra, bebiendo la humedad que el picón guarda por la noche. De ese esfuerzo paciente sale la malvasía volcánica, una uva que este año ha vuelto a hacerse oír lejos de la isla.

En junio se conocieron los resultados de los Decanter World Wine Awards 2026, en Londres, uno de los concursos más influyentes del mundo. Más de 16.000 vinos de todos los continentes pasaron por las copas de un jurado de más de 200 expertos internacionales, entre ellos decenas de Masters of Wine.

Dos princesas

Bodegas Vega de Yuco volvió con dos medallas. La plata fue para Princesa Gara 2022, una malvasía volcánica monovarietal criada sobre sus lías, ese reposo lento que da al vino textura y volumen. El bronce, para Princesa Fayna 2019, un espumoso Brut Nature elaborado por el método tradicional de larga crianza, sin azúcar añadido: burbuja fina, seca, de las que dejan la boca limpia.

Que dos vinos de una isla tan pequeña destaquen entre miles no es casualidad. Detrás hay viticultores que trabajan a mano un paisaje sin máquinas posibles, y un clima de viento y sol que obliga a la planta a concentrar lo mejor de sí.

El Consejo Regulador de la Denominación de Origen Vinos de Lanzarote lo celebró como un reconocimiento para todo el sector, no solo para una bodega: una prueba más de que la calidad y la sostenibilidad del vino volcánico tienen ya un lugar propio en el mapa internacional.

Para quien lo bebe aquí, la noticia tiene algo de confirmación tranquila. Basta una copa fría de malvasía al atardecer, frente a los conos de La Geria, para entender lo que el jurado de Londres encontró en la suya.