Caminos · Caldera Blanca, Mancha Blanca (Tinajo)
Caldera Blanca, el cráter más ancho
Una caminata de unos diez kilómetros cruza el malpaís de Timanfaya hasta asomarse al cráter más amplio de Lanzarote.
Por Livia Risi y Francesco Esposito · 2026-10-06

Hay caminos que empiezan sin aviso, al borde de un pueblo. Este sale del aparcamiento situado a la salida de Mancha Blanca, en Tinajo, cerca de la iglesia de Los Dolores, y en pocos minutos deja atrás las casas para internarse en otro tiempo geológico.
El primer tramo cruza el malpaís que dejaron las erupciones de Timanfaya entre 1730 y 1736: una lava rugosa, oscura, cubierta aquí y allá por líquenes de un verde grisáceo. Son frágiles y crecen con una lentitud extrema, así que conviene no salirse nunca del sendero marcado.
Caldereta, y después el gran cuenco
Por el camino se pasa junto a Caldereta, un cono más pequeño que funciona como anticipo. Luego llega la subida, sin grandes complicaciones pero constante, hasta el borde de Caldera Blanca, cuya cima alcanza los 458 metros.
Arriba, el suelo se abre. El cráter mide unos 1.200 metros de diámetro y es el más ancho de la isla. Sus laderas claras contrastan con la lava negra que lo rodea, y desde el borde se ven el océano, los volcanes del parque y, en días limpios, buena parte del norte.
Merece la pena dedicar un rato al borde antes de volver. El silencio aquí arriba es casi completo, roto solo por el viento, y la escala del cráter cambia la manera de mirar: lo que desde abajo parecía una montaña más resulta ser un anfiteatro inmenso. Las primeras horas de la mañana y la última luz de la tarde dibujan mejor el relieve de las laderas, cuando las sombras alargadas convierten cada pliegue de la roca en un trazo de tinta.
La ruta completa, ida y vuelta, ronda los 10 kilómetros, con un desnivel aproximado de 430 metros y una dificultad media. Según el ritmo y las paradas, se tarda entre tres y cuatro horas. No hay sombra ni agua en todo el recorrido, de modo que la calma del paisaje pide, a cambio, un poco de previsión.